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Quero superstar

Me gustan los partidos por la mañana en el Rico Pérez. En realidad creo que me gusta cualquier horario siempre que se gane. Con las victorias todo parece encajar bien y hasta dan ganas de aplaudir a Portillo cuando es sustituido. El día no amaneció mal del todo así que mi hija y yo decidimos ir andando al estadio. Salimos con tiempo de casa para comprar el “Información” y poder tomarnos, yo un café, y ella una fanta, mientras por el camino repasábamos la tabla del cinco y la propiedad conmutativa. Me da pánico saber que la adolescencia y las integrales coincidirán en el tiempo, pero ya cruzaremos ese puente.

Los dos íbamos con la bufanda herculana al cuello así que no era difícil adivinar nuestra debilidad y cuando nos trajo la cuenta la camarera, una señora mayor y bastante simpática, nos preguntó por qué no éramos del Barça, que nos daría más alegrías. Me quedé con ganas de preguntarle por qué ella no se afeitaba el bigote, que también tendría más alegrías, pero no quise ser grosero así que le respondí “porque somos de Alicante”; y nos marchamos tan panchos al Rico Pérez.

Ya sentados en nuestra localidad y viendo el entradón que había en el campo, mi hija me hizo una de esas preguntas incómodas llenas de lógica y sentido común que de vez en cuando nos hacen los críos dejandonos a los adultos sin argumentos: “Papá, ¿Por qué no todos los alicantinos son del Hércules?. Como siempre en estos casos, escurrí el bulto con una técnica que aprendí de mi mujer y que consiste en desviar la atención cambiando radicalmente de tema con alguna pregunta inocente:

-“¿Sabes lo que mide Quero?”. Por curiosidad lo había mirado el día anterior en Internet, “Uno cincuenta y ocho. No mucho más que tú. Imagínate; y sin embargo ahí está. Ha conseguido convertirse en un jugador profesional y llegar a una liga tan competitiva como la Tailandesa ¿Qué te parece?”.

La cosa me quedó de maravilla porque después Quero, con esa cara de niño recién salido de clase de catequesis, hizo un partidazo y volvió locos a todos los defensas rivales marcando incluso un gran gol.

Ya camino de casa cuando terminó el encuentro, nos pusimos a repasar la clasificación con el librito que nos dan en la entrada y con la euforia de la victoria empezamos a hacer cábalas sobre qué lugar ocuparíamos para jugar la promoción. Terceros o cuartos fue el consenso al que llegamos hasta que ella, pareció caer en la cuenta de algo y me dijo muy seria: “Papá, ¿y qué pasa si no subimos?”.

-“¿Sabes cuántas tarjetas lleva Paco Peña?”