Tag Archives: La senda de los elefantes

La senda de los elefantes

Mi tío vivía entre la avenida de Novelda y el Castillo de San Fernando, así que los días de partido mi padre me cogía de la mano y caminábamos desde nuestra casa en la Plaza San Antonio, calle arriba por detrás del edificio de los representantes, hasta enfilar la calle de mi tío. Allí en la puerta de su casa, ya nos estaba esperando él con su puro y su sonrisa. ¡Macho Hércules! y un revolcón a mi pelo era su saludo habitual. Desde allí al campo, el camino se complicaba, más bien desaparecía y se convertía en senda, la senda de los elefantes.

Era un sendero monte arriba, apenas marcado por el paso repetido y con una pendiente bastante dura. Cien metros o poco más hasta que por fin, salíamos justo por detrás del estadio a la altura de la grada de preferente, la grada Tejero todavía no existía. De allí a nuestro sitio en fondo norte, era ya camino civilizado. Lo peor era a la vuelta, cuesta abajo, sobre todo si el partido terminaba de noche. Aquello se convertía en una auténtica aventura que se superaba siguiendo con fe ciega y en fila india al que fuera por delante y gracias a la luz salvadora de una terraza de una casa vecina, que todos los días de partido, una amable señora se encargaba de encender mientras permanecía atenta a nuestra pericia con la cuesta de marras.

En aquellos paseos pre y pospartido mi padre y mi tío, hablaban de cosas que yo no entendía, cosas de mayores intuía yo, así que me limitaba a caminar y disfrutar del paseo. De vez en cuando piedrazo a algún pino o patada a alguna piña. Algún pescozón me llevé al grito de “¡Nene estate quieto!”. Más tarde, cuando crecí, entendí la razón del nombre de aquella senda o más que la razón, la supuesta coña marinera del mismo. La llamaban de los elefantes porque los que bajábamos por allí lo hacíamos con una trompa muy larga después de haber perdido.

Con los años, aquella senda desapareció para hacer un parque temático que hizo aguas. Sin embargo aquel camino quedará siempre asociado, junto con mi padre y mi tío, a mis primeros recuerdos de fútbol.

A mi tío Andrés, que esté donde esté, gritará conmigo ¡Macho hércules!