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Herculesmanía

La patología está ahí y no se puede obviar. Los síntomas comienzan a mostrarse claros por toda la ciudad. Es un hecho: el Hércules ha vuelto.

Lo notas por ejemplo en la tertulia del bar, donde el equipo de la tierra comienza a comer terreno a vikingos, indios y culés; y así, gentilicios y topónimos que harían dudar hasta el mejor de los académicos, se manejan con soltura entre cafés con leche y medias con aceite mientras se estudia con avidez la clasificación para ver cómo va el Llosetense o contra quien juega la Pobla de Mafumet. También en el estadio crecen brotes blanquiazules por doquier y aparecen camisetas que ya eran vintage en los tiempos de Calsita. Pero sobre todo, se nota porque  tu primo, ese que siempre se ríe de ti cuando le recuerdas que eres del hércules y al que no ves casi nunca, de repente se hace el encontradizo y al son del manido “ya que te veo“, te pide una entrada para el próximo partido contra el Bayern de Olot. Eso es definitivo. No hay duda. Si mi primo se muestra afable, es que el Hercules ha vuelto.

Que más tarde o más temprano esto iba a pasar, lo intuíamos todos aquellos que domingo tras domingo seguimos fieles a nuestra cita en el templo; y que yo, a pesar de los pesares, iba a sacarle una entrada al capullo de mi primo, lo sabía él, que se las sabe todas. 

Tal vez sea solo una impresión errónea, tal vez pinchemos en la promoción o ni siquiera nos lleguemos finalmente a clasificar, pero en cualquier caso, bienvenida sea de nuevo esa extraña sensación de estar ilusionados con nuestro equipo. Dure lo que dure, permítame un consejo: disfrútela. Nos lo merecemos.

Herculesmanía es un termino que algún avezado periodista acuñó hace 20 años para referirse a la gloriosa etapa del ascenso del 96. Los que tuvimos la fortuna de vivir aquello sabemos que aún estamos muy lejos de ese deseado nirvana. Pero hoy no he podido resistirme a desempolvar aquel término al saber que se están organizando recibimientos al equipo y marchas desde Luceros. Sí señor, el Hércules ha vuelto y ojalá sea que para quedarse.