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No se confunda

Mi sentido arácnido me dice que algo pasa con Ramírez. No sé, pero para mí que ya no es el mismo, le noto algo cambiado en su actitud. Tampoco es que el vizcaíno haya sido nunca el factótum del Rico Pérez, ya desde un principio advirtió que no entraría al Hércules como un elefante en una cacharrería y lo cumplió, por más que muchos aficionados sigamos pensando que lo contrario hubiera sido lo ideal. Pero pasito a pasito con sus acciones, fue más o menos marcando el terreno y dejando bien a las claras quién cortaba el bacalao en Romeu Zarandieta.

El punto álgido llegó sin duda con la reunión con el alcalde y los gerifaltes del IVF, para explicarles su plan para el club. Les confieso que yo al conocer que había un plan ya me emocioné, soy un sentimental no lo puedo evitar. Pero paradójicamente, y cuando definitivamente parecía que el vasco tomaba las riendas de la nave blanquiazul, de ahí en adelante comenzó a mostrarse con un perfil cada vez más bajo, y últimamente está como distante, y me da la sensación de que quiere alejarse del primer plano.

En realidad nada nuevo bajo el sol porque en los despachos del Rico Pérez hace tiempo que nadie quiere asumir responsabilidades y da la impresión de que ninguno quiere quedarse con cara de tonto y la brocha en la mano cuando definitivamente nos quiten la escalera. Me dan muchas ganas de llamar un día de estos a lo Gila y preguntar por el jefe, apuesten lo que quieran a que me dejaran eternamente en espera.

Pero claro todo esto no es más que intuición personal, así que no le den mayor importancia, también estaba seguro en su momento que ganábamos fácil al Cádiz o que Sugi, aquel jugador Japonés que llegó del Jove, iba para crack. Además, tengo un amigo que está en quinto de Parodi y me asegura que mientras luzca pantalones blancos, todo en el club está “encarrilado”.

Pero hoy no quiero aburrirles con mis intuiciones. Lo que esta columna que hoy estrenamos pretende, es motivar al personal, y en esta ocasión la cosa está clara: hay que centrarse en el partido de copa. Porque oiga bien y no se confunda, lo de este miércoles ante el Cornellá no son unos treintaidosavos de la copa del rey. Ojalá fuera tan sencillo. Para el Hércules Club de Fútbol esto del miércoles es una auténtica F-I-N-A-L, así con mayúsculas, como suena. Es la posibilidad de obtener una bola extra, la opción de contar con una bala más en la recámara, un flotador en definitiva, donde agarrarse un año más en ese continuo bracear por la supervivencia en el que se ha convertido desde hace un tiempo el herculanismo.

Que sí, que la culpa de todo la tiene Ortiz y la madre que lo matriculó, nada que objetar, pero ahora lo que toca es buscar soluciones y recursos, y ganar esta final nos aseguraría una buena taquilla en la siguiente ronda; extraordinaria, si felizmente nos tocará el gordo en forma de Barça o Real Madrid; magnífica, si toca el segundo premio de Athlétic Club o Atletico de Madrid; y aceptable al menos, si nos toca la pedrea del Sevilla, Villareal o Celta. Pero para eso suceda hay que ganar al Cornellá.

Así que al menos por lo que a mí respecta, el miércoles jugamos la final de la “shempion”, el Cornellá es el Bayern, y el Rico Pérez tiene que ser un infierno turco, o griego, que tanto da. A por ellos oé.

Autoestima

Que los alicantinos no tenemos muy alta la autoestima es evidente. Basta con darse una vuelta cualquier día por la ciudad, y comprobar la suciedad y dejadez reinante.

Todos los que durante esta etapa estival que recien acaba, hayan viajado -fundamentalmente por el norte- lo habrán comprobado de primera mano. Lo normal por aquellos lares es encontrarnos ciudades impolutas y cuidadas, y no porque por allí se limpie más, sino porque sencillamente, se ensucia menos. Sí, lo sé, las comparaciones siempre son odiosas.

Todo ello se traslada en su escala correspondiente, a ese pequeño micro universo que dentro de Alicante representa el herculanismo. Comprueben sino cómo quedan las gradas tras cualquier partido disputado en nuestro estadio. Hagan el pequeño experimento de rezagarse una vez que el partido acaba. Demoren un tanto su salida y comprueben como el Rico Perez queda hecho un vertedero dejando bien a las claras, cuál es el cariño que mostramos por nuestra propia casa. Seguro que después, comprenderán muchas cosas de las que nos suceden; como club y también como ciudad.

Así no es de extrañar por ejemplo, que dejemos demoler edificios valiosos y representativos de nuestra historia, que permitamos que Alicante permanezca ninguneada en el reparto de inversiones, que desconozcamos la vida y valor de nuestros personajes más ilustres, o que, y volviendo a nuestro micro universo, el Hércules sólo tenga cinco mil socios (y no me vengan ahora con Ortiz… que también estaba en el día del Cádiz).

albriciasSe entiende así, que el creador del club que nos representa desde hace casi cien años, permanezca en el olvido para su propia ciudad. El recuerdo a Vicente Pastor de la Llosa Alfosea (1902-1939) queda reducido al nombre de una pequeña calle, donde antaño se encontraba el estadio de Bardín. Lamentablemente el único equipo de fútbol de España cuyo fundador tiene un monumento en nuestra capital, es el Albacete Balompié.

La Asociación Herculanos presentó la temporada pasada un proyecto al consisotorio alicantino para, entre otras cosas, enmendar este olvido. Nada grandioso ni desproporcionado, y con práticamente coste cero para la ciudad -pueden ver la propuesta en detalle en la web de dicha asociación-. Gabriel Echávarri en persona y de manera pública en la cadena SER, dio su conformidad.

Solo el tiempo dirá cómo acaba todo esto pero en cualquier caso, recuerde querido conciudadano, que recuperar nuestra autoestima es misión de todos y para empezar, usted cuenta con dos armas muy poderosas para cambiar las cosas: su ejemplo y su voto.

¡Ramírez, estamos aquí!

El herculanismo ha sufrido ya tantas mentiras, tantos desaires y tantas tomaduras de pelo durante el Enriquismo, que ahora, cada vez que alguno de los que manejan el cotarro habla del futuro de nuestro equipo no cabe más remedio que atarse al mástil.

Sin embargo, lo confieso de antemano: Ramírez me pone. Que un tipo futbolero, con pasta, y de la zona, apueste por el Hércules, me coloca en principio de su parte. Sobre todo porque además, seamos sinceros, parece que no hay más alternativas; ni locales ni singapurenses -perdón, no he podido evitarlo-. En definitiva, que me gustaría entregarme a los brazos de Toyota. Pero claro, digamos que antes hay un pequeño detalle que habría que solventar. Un nimio inconveniente de fácil solución: que me lo explicaran.

Y es que está muy bien que Ramírez y su tropa presente el plan al alcalde aunque me parece algo inútil -ojo, no hablo del alcalde-, pero lo relevante se juega en Valencia y ahí es donde habrá que armarse bien de argumentos. Y qué mejor argumento que tener a la afición y masa social detrás.

¡Ramírez, que estamos aquí leñe! ¡Que nosotros somos el Hércules! Son los accionistas, socios y aficionados en general, los primeros que deberían conocer el plan, al menos en sus grandes trazos: ¿Qué papel jugará Ortiz en el nuevo proyecto? ¿Qué otros empresarios hay implicados? ¿De quién será el Rico Pérez? ¿Seremos un equipo de cantera o de cartera? ¿Seguirá Parodi de presidente títere? ¿Jugará Chechu de lateral otra vez?

Cartas sobre la mesa Ramírez; quitémonos las caretas. Al pan pan y al vino vino, y tal vez así, no tomando por idiota a la afición, obtendrá su apoyo incondicional.

 

Singapur es blanquiazul

Que el herculanismo es universal no lo duda ya casi nadie. Además, no hay ningún misterio en ello la verdad. Llevamos ya tantos años levantando pasiones a diestro y siniestro, que esta religión se vende sola. ¡Hasta Singapur conoce de nuestras gestas!, y como muestra baste un botón: según dice nuestro alcalde, un singapurense -les confieso que he tenido que cerciorarme del gentilicio- está interesado en comprar el club. Nada que objetar, ¡macho Singapur!

Lo que no está tan claro es que esto fuera realmente la solución -¿la hay?- o simplemente otra “patada a seguir”, de las por otra parte tan habituales en estas latitudes. Me río yo del famoso nudo gordiano; lo de este club sí que tiene miga. Pero una cosa es segura sea cual sea la posible salida -¿la hay?-, el ascenso la haría mucho más factible. Así que a empujar se ha dicho; acepto pulpo como lateral derecho y sepia como presidente.

Pero mientras llega el “Tito” de Singapur u otras alternativas, no estaría de más que los actuales mandamases -en el club y ayuntamiento-, tuvieran algún detalle con la sufrida parroquia. No se crean, no pienso en cosas que cuesten dinero, que ya sé que estamos tiesos -en el club y ayuntamiento-. Tampoco hablo de gestos que supongan esfuerzos sobrehumanos, como el de pedir disculpas por los errores pasados, o explicar despacito cuál es la verdadera situación del club. Noooo, yo humildemente pido algo sencillo y facilón. Cosas simples de verdad. “Tontás” que diría mi mujer. Ahí van algunas que se me ocurren a bote pronto:

Que el Alcalde deje de hacer pronósticos sobre el Hércules y que de una vez por todas vaya al palco, que es el lugar que le corresponde. Lo cortés no quita lo valiente.

Que Parodi y compañía dejen de tomarnos por idiotas y dejen de utilizar eufemismos del tipo “colaborador publicitario” y similares. Seremos herculanos pero no gilipollas.

Que los niños puedan hacerse fotos con el equipo -si pudieran además comprar mochilas herculanas para el cole ya sería la repera-

Que vayas a la oficina del club y te atiendan. Así, sin chillar ni ná.

Que en el reluciente marcador aparezcan los resultados de la jornada con su aviso sonoro correspondiente. “Siensia-ficsión” que diría Botella.

Que al acabar el partido no pongan el himno a todo trapo y dejen al respetable expresarse adecuadamente y en consonancia tras lo visto.

Que pongan papeleras para que no tengamos que guardarnos la basura en los bolsillos. Y en este caso no es una metáfora.

Por último, el más difícil: que el que se sienta a mi lado deje de comerse los fortunas, que me tiene ahumao como una mojama. Pesao oiga.