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Chepa que estás en el cielo

Existe un universo paralelo donde un 9 de octubre Jaime I conquista Alicante para la cristiandad, la Vía Parque se termina y Enrique Ortiz utiliza los dieciocho millones para lo que debe: saldar la deuda del Hércules con Hacienda. Sin embargo la realidad es tozuda y ahí andamos, con un conseller de transparencia, la Vía Parque por hacer y un equipo de fútbol en continuo equilibrio al borde del abismo. Nadie dijo que fuera fácil ser alicantino.

Viendo el panorama actual en la ciudad uno no alcanza a entender cómo hace 100 años fuimos capaces de alumbrar a todo una tropa de personajes ilustres: Emilio Valera, Gabriel Miró, Óscar Esplá, Figueras Pacheco, Vicente Bañuls, Germán Bernácer y algunos más que seguro olvido, paseaban por la explanada hace justamente un siglo. ¿Qué carajo comieron nuestras tatarabuelas para gestar aquella generación? Poco ha dicho la ciencia sobre esto. No es de extrañar que en semejante ambiente, también dos hitos de nuestra identidad vieran la luz: el Hércules Football Club en 1922 y les fogueres de San Chuan en 1928.

Precisamente el próximo día 19 de junio se cumplirán 78 años de la muerte de uno de aquellos gigantes que definieron el Alicante de hoy.  Gigante sí, porque a pesar de su cuerpo menudo y contrahecho, Vicente Pastor de la Llosa Alfosea fue uno de los grandes. Fundador y alma del Hércules Club de Fútbol, “el Chepa” nació en 1902 en la calle Toledo, en pleno casco antiguo de la ciudad, aunque muy pronto se traslada a vivir con su tía Teresa en el número 42 de la calle Sagasta, la actual calle San Francisco de la que ya nunca se movió. Ya en 1914 y con tan solo doce años frecuenta las escuelas salesianas recién inauguradas en el ensanche alicantino, donde acude para ver jugar al Sporting, equipo fundado por el padre Jaime Buch y donde definitivamente el pequeño Vicentet queda prendado por el football, aquel sport que en los albores del siglo XX se hizo un hueco entre los jóvenes de toda Europa y que llegó a Alicante por mor de un eclipse. Fue allí mismo donde se fraguó la idea de formar un equipo al que más tarde el Chepa y los suyos bautizaron como Hércules Football Club y vistieron de rojiblanco.

Aquel aleteo de mariposa nos trajo hasta aquí. Más de cien años después el Hércules es ya patrimonio de Alicante y parte indisoluble de su historia. Gracias al empeño inicial de Vicente Pastor y al de otros muchos alicantinos de bien que continuaron su labor, hemos disfrutado de veinte años en Primera División, paseado el nombre de nuestra ciudad por toda España y vivido en primera persona un campeonato del mundo. Aquel Mundial 82 que puso a Alicante en el mapa y que supuso para la ciudad la mejor campaña publicitaria de toda su historia. Sin duda en aquel gran éxito intervino mucha gente, pero una cosa es segura: hubiera sido imposible sin el Hércules.

Por estas y otras muchas razones, perder hoy un referente como este sería imperdonable. Alicante no tiene apenas piel para más cicatrices, mucho menos cuando todavía escuece la herida dejada por la CAM.

Y líbranos del mal amén.

Autoestima

Que los alicantinos no tenemos muy alta la autoestima es evidente. Basta con darse una vuelta cualquier día por la ciudad, y comprobar la suciedad y dejadez reinante.

Todos los que durante esta etapa estival que recien acaba, hayan viajado -fundamentalmente por el norte- lo habrán comprobado de primera mano. Lo normal por aquellos lares es encontrarnos ciudades impolutas y cuidadas, y no porque por allí se limpie más, sino porque sencillamente, se ensucia menos. Sí, lo sé, las comparaciones siempre son odiosas.

Todo ello se traslada en su escala correspondiente, a ese pequeño micro universo que dentro de Alicante representa el herculanismo. Comprueben sino cómo quedan las gradas tras cualquier partido disputado en nuestro estadio. Hagan el pequeño experimento de rezagarse una vez que el partido acaba. Demoren un tanto su salida y comprueben como el Rico Perez queda hecho un vertedero dejando bien a las claras, cuál es el cariño que mostramos por nuestra propia casa. Seguro que después, comprenderán muchas cosas de las que nos suceden; como club y también como ciudad.

Así no es de extrañar por ejemplo, que dejemos demoler edificios valiosos y representativos de nuestra historia, que permitamos que Alicante permanezca ninguneada en el reparto de inversiones, que desconozcamos la vida y valor de nuestros personajes más ilustres, o que, y volviendo a nuestro micro universo, el Hércules sólo tenga cinco mil socios (y no me vengan ahora con Ortiz… que también estaba en el día del Cádiz).

albriciasSe entiende así, que el creador del club que nos representa desde hace casi cien años, permanezca en el olvido para su propia ciudad. El recuerdo a Vicente Pastor de la Llosa Alfosea (1902-1939) queda reducido al nombre de una pequeña calle, donde antaño se encontraba el estadio de Bardín. Lamentablemente el único equipo de fútbol de España cuyo fundador tiene un monumento en nuestra capital, es el Albacete Balompié.

La Asociación Herculanos presentó la temporada pasada un proyecto al consisotorio alicantino para, entre otras cosas, enmendar este olvido. Nada grandioso ni desproporcionado, y con práticamente coste cero para la ciudad -pueden ver la propuesta en detalle en la web de dicha asociación-. Gabriel Echávarri en persona y de manera pública en la cadena SER, dio su conformidad.

Solo el tiempo dirá cómo acaba todo esto pero en cualquier caso, recuerde querido conciudadano, que recuperar nuestra autoestima es misión de todos y para empezar, usted cuenta con dos armas muy poderosas para cambiar las cosas: su ejemplo y su voto.

Él nunca lo haría

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Vicente Pastor de la Llosa Alfosea era su nombre, aunque debido a su defecto físico todos lo conocieran por “el Chepa”. Desafortunadamente sabemos hoy muy poco de él. Algunos detalles, pequeñas pinceladas que dejaron escritas los que lo conocieron y apenas nada más. Pero desde hace más de cien años Alicante disfruta de su legado: el Hércules Club de Fútbol es hijo de su empeño inicial.

Que la ciudad haya olvidado la memoria de Vicente Pastor causa sorpresa, pero que lo haga el Club que le debe su existencia es sencillamente doloroso. Hace ya algunos años fuimos muchos los que nos sentimos reconfortados con el merecido tributo que se le rindió a su memoria colocando su busto en una zona preferente y vistosa del estadio. Fue ésta una decisión gestada y consensuada en el seno del comité del 90 aniversario. Por fin se hacía justicia al fundador.

Hoy desafortunadamente ese busto ya no está. Alguien con mando en plaza y de manera unilateral, ha decidido que la presencia de Vicente Pastor molesta; estorba; sencillamente sobra. Desconocemos las razones. Tal vez ese alguien no soportase sentirse pequeño y ruin al pasar cada día por delante de aquel gigante de corazón, o tal vez simplemente, pensase que aquel trasto no pegaba allí; que “el Chepa” no quedaba bien con el decorado.

¿Saben lo mejor? si Vicente Pastor viviera, estoy seguro que no se sentiría ofendido, siempre fue un tipo humilde y nunca buscó protagonismo. Si acaso estaría preocupado de que todo esto pudiera enturbiar la campaña de abonos. Que este desaire a su memoria, pudiera hacer pensar a alguien en abandonar a su equipo. Él nunca lo hizo.