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Autoestima

Que los alicantinos no tenemos muy alta la autoestima es evidente. Basta con darse una vuelta cualquier día por la ciudad, y comprobar la suciedad y dejadez reinante.

Todos los que durante esta etapa estival que recien acaba, hayan viajado -fundamentalmente por el norte- lo habrán comprobado de primera mano. Lo normal por aquellos lares es encontrarnos ciudades impolutas y cuidadas, y no porque por allí se limpie más, sino porque sencillamente, se ensucia menos. Sí, lo sé, las comparaciones siempre son odiosas.

Todo ello se traslada en su escala correspondiente, a ese pequeño micro universo que dentro de Alicante representa el herculanismo. Comprueben sino cómo quedan las gradas tras cualquier partido disputado en nuestro estadio. Hagan el pequeño experimento de rezagarse una vez que el partido acaba. Demoren un tanto su salida y comprueben como el Rico Perez queda hecho un vertedero dejando bien a las claras, cuál es el cariño que mostramos por nuestra propia casa. Seguro que después, comprenderán muchas cosas de las que nos suceden; como club y también como ciudad.

Así no es de extrañar por ejemplo, que dejemos demoler edificios valiosos y representativos de nuestra historia, que permitamos que Alicante permanezca ninguneada en el reparto de inversiones, que desconozcamos la vida y valor de nuestros personajes más ilustres, o que, y volviendo a nuestro micro universo, el Hércules sólo tenga cinco mil socios (y no me vengan ahora con Ortiz… que también estaba en el día del Cádiz).

albriciasSe entiende así, que el creador del club que nos representa desde hace casi cien años, permanezca en el olvido para su propia ciudad. El recuerdo a Vicente Pastor de la Llosa Alfosea (1902-1939) queda reducido al nombre de una pequeña calle, donde antaño se encontraba el estadio de Bardín. Lamentablemente el único equipo de fútbol de España cuyo fundador tiene un monumento en nuestra capital, es el Albacete Balompié.

La Asociación Herculanos presentó la temporada pasada un proyecto al consisotorio alicantino para, entre otras cosas, enmendar este olvido. Nada grandioso ni desproporcionado, y con práticamente coste cero para la ciudad -pueden ver la propuesta en detalle en la web de dicha asociación-. Gabriel Echávarri en persona y de manera pública en la cadena SER, dio su conformidad.

Solo el tiempo dirá cómo acaba todo esto pero en cualquier caso, recuerde querido conciudadano, que recuperar nuestra autoestima es misión de todos y para empezar, usted cuenta con dos armas muy poderosas para cambiar las cosas: su ejemplo y su voto.

1140 kilómetros

570 kilómetros separan el Rico Pérez del estadio Ciudad de Tudela.  Si contamos la vuelta, serán un total de 1140 kilómetros los que recorrerán todos aquellos que con la ilusión por bandera, se acerquen a tierras navarras para vivir estos cuartos de final de nuestra particular puñetera league. No menos de 14 horas de autobús, algo menos si van en coche, se meterán entre pecho y espalda los aficionados blanquiazules que acompañen a nuestro equipo este domingo. De 10. Bravo; no tengo palabras. Vaya desde aquí todo mi ánimo y admiración para cada uno de ellos. Desearía de corazón ser uno más de estos auténticos cabezas negras pero circunstancias familiares me lo impiden en esta ocasión.

Quiera el Dios del fútbol que al menos obtengan la recompensa de conseguir un buen resultado, porque si algo es seguro es que otra cosa no tendrán. El club, siguiendo a pies juntillas su habitual política de empresa, no ha tenido ni tendrá -pueden apostar por ello- un mísero detalle con ninguno de ellos. Más allá de realizar un par de gestiones por teléfono para contratar bus y acordar precio de entradas con el Tudelano, no se ha rebajado ni un ápice las condiciones que cualquier aficionado podría haber conseguido por su propios medios. Ni siquiera a sus más fieles abonados. Aunque para ser sinceros, nadie creo que se haya sorprendido y como muestra vean sino las escasas protestas que ha habido en ese habitual canal del quejío que son las redes sociales.

Muchos queremos encontrar una rendija de esperanza en el advenimiento de Ramírez, pero los hechos son tozudos y una vez más nos vienen a dar un pescozón en la ilusión. Naranjas de la China. Nada nuevo bajo el sol. La directiva funciona como siempre, de espaldas a su masa social. Despreciando fidelidades e historia, en una carrera suicida donde siempre prima el equipo y nunca el club. 

Seamos una vez más ilusos optimistas y esperemos una rectificación, nunca es tarde para ello. Quizá sí lo sea para el asunto del viaje que nos ocupa, pero no para la fecha límite para la adquisición de entradas para el partido de vuelta. ¿Qué sentido tiene limitar su compra hasta el sábado, cuando todavía hay toda una semana por delante? Rectifiquen.

Comiendo pipas

No suele pasarme pero ayer me desvelé. A eso de las dos soñé que Boria nos marcaba otra vez un “jat-tric” y ya no pude dormir. Nada grave que una buena siesta de sábado no pudiera solucionar así que aquí estoy, recuperado y fresco como una lechuga, torciendo por el Granada mientras escucho el carrusel. No es que de repente Quique Pina me parezca majo, lo que pasa es que simplemente, la alternativa sería peor. Tan aburrido y desesperanzado me tiene el juego herculano que desconsolado busco alivio en las penurias del vecino. Que al menos desaparezcan ellos primero.

Últimamente ir al Rico Pérez se parece cada vez más a visitar al dentista; sabes que no puedes dejar de ir, pero intuyes que pasarás un mal trago. Lo peor de todo es que la anestesia la llevamos puesta de casa y todo trascurre en un sopor infumable. No me extrañaría nada escuchar un día por megafonía y en mitad del partido, al mismísimo coronel Kurtz susurrando aquello de “el horrorrrrr, el horrorrrr…”. Ya puestos, le sugiero a quien corresponda que ponga en el descanso a Jim Morrison y su “This is the end”. Mejor que lo que suena será y además, nos encaja como banda sonora a modo del Arrebato Sevillano.

No sé si el Rico Pérez por la mañana huele a napal, pero me da pánico imaginar cómo sería pasar un día por su puerta sabiendo que ya no habrá fútbol dentro. Así que me auto impongo no resignarme y seguir pataleando con todas mis fuerzas. Inocentemente creía que ayer sería un buen día; después de la decepción que supuso en su momento la diluida Plataforma, confiaba en encontrar cobijo y comprensión en la Asociación de Herculanos que el viernes celebraba asamblea anual. Más aún, cuando en ella hay miembros muy significativos del herculanismo. Pero en apenas una hora de reunión mis esperanzas se desvanecieron; el mayor objetivo de la Asociación para el año que viene es organizar una gran gala para conmemorar el 10 aniversario. Será en otoño y paradójicamente tal vez sea la primera que se celebre sin que el Hércules exista. Por supuesto me apunté.